“La proliferación es una posible consecuencia del escudo, un riesgo. Pero yo creo más bien que la respuesta será una reorientación estratégica del gasto militar”, comenta Jean-Yves Haine, investigador del Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo (SIPRI).
(…) El escudo cambia las reglas del juego, rompe el equilibrio basado sólo en el poder inhibidor de la represalia”. Los jugadores se adecuarán a las nuevas condiciones. China ha aumentado para este año su presupuesto militar en un 18%, y reconoce haber disparado un misil contra un satélite en 2007, en un ensayo militar muy elocuente. EE UU contestó el pasado febrero al hacer pedazos otro satélite.




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