6 maneras de combatir el machismo

1. Definir lo que es el machismo, entender cómo se estructura, de qué manera se divulga y cómo funciona en la actualidad específicamente en América Latina y el Perú. ¿Qué diablos es el machismo?, ¿es igual machismo que patriarcado?, ¿cuál es la diferencia entre machismo y androcentrismo?, ¿todas estas son sólo palabras para profesores? No: son conceptos manejados en las leyes, políticas públicas, periódicos, televisión, el colegio y, a veces, en la calle. Por eso es imprescindible saber y conocer esa complejidad. El machismo, asimismo, deviene de habernos construido como sujetos nacionales en medio de las guerras y los odios entre conquistados, conquistadas y conquistadores, y de no asumir nuestra bastardía originaria como nación (como dicen los mexicanos, somos de alguna manera “hijos de la Chingada”, de la india violada por el español, y debemos de no ofendernos y asumir nuestra condición de bastardos para seguir adelante[6]). Es cierto que no podemos achacar toda la culpa de nuestro machismo a nuestros orígenes, pero por ahí se puede entender cómo es que nos hemos concebido como una sociedad estamentaria, fuertemente jerárquica y autoritaria, donde el padre no es la autoridad griega o romana que provee a la familia de sustento (el patriarcado) sino el que pretende “hacer prole” sin responsabilizarse de ella.

2. Ubicar, situar, distinguir y señalar el machismo femenino. El machismo es muchas veces transferido por las propias mujeres en nuestros procesos de crianza. Somos, sin quererlo, las principales divulgadoras del machismo, a pesar de que somos las primeras perjudicadas. Por eso mismo es necesario descubrir el machismo de nosotras mismas: aquel que portamos cuando le damos la presa más grande del pollo a nuestro hijo varón, cuando consideramos que hay que exigirle más a una mujer en una tarea que realiza, cuando les enseñamos a los niños matemáticas con más énfasis y a las niñas una especie de “matemáticas femeninas”.

3. Romper con el otro lado del machismo que es el victimismo. Ser víctima es dejar de ser sujeto, por lo tanto, permitir que los demás —el padre, los policías, la Iglesia, el Estado— resuelvan en lugar de una misma y de esta manera seguir reforzando la cultura pública del tutelaje. Asumir una verdadera cultura de las mujeres es asumir la conducción de su propia vida. Debemos de romper con el modelo de la madre sufriente y dejar de ser víctimas para asumir nuestra propia voz sin miedo y poder construir un discurso de nuestras vidas y anhelos.

4. Reorganizar la memoria histórica e incluir a las mujeres. Entender que durante la consolidación de las naciones latinoamericanas no sólo se excluyo al indígena sino también a la mujer del concepto amplio de ciudadanía. Por eso tenemos que reorganizar nuestra historia como nación visibilizando a las mujeres que ayudaron a formarla, y aquí no me refiero a algunos nombre consagrados, como María Parado de Bellido o Micaela Bastidas, sino a aquellas mujeres anónimas, como las rabonas durante la Guerra del Pacífico que organizaron todo un sistema de sustento a sus maridos, en medio de los cañonazos y las balas. Asimismo, es importante destacar la increíble labor de la generación de mujeres ilustradas del 900 que con un ahínco admirable permitieron la consolidación de las letras, el periodismo y las tertulias intelectuales donde, asimismo, se discutía sobre el poder.

5. Ser el centro de las leyes, de las teorías, de los análisis, de las normas éticas. Asumiendo la cultura de las mujeres como localización de nuestras demandas, podemos alterar nuestra posición subordinada exigiendo un trato diferenciado para muchas prácticas y leyes, no sólo desde una perspectiva de discriminación positiva, sino desde lo que la crítica francesa Luce Irigaray denomina la sexualización de la ley, es decir, un status civil propio desde la condición de la mujer no como excepcionalidad a la ley universal sino como centro organizador de esa ley.

6. Y por último privilegiar tres estrategias características de los movimientos feministas de la región: la autoconciencia, la autodeterminación y el empoderamiento.

Interesante post de Rocio Silva en Kolumna Okupa

Generalmente no entiendo a las feministas, a pesar de que mis amigas se esfuerzan, pero este post me parece sensato y acertado en sus recomendaciones (aunque no entiendo el 5 y 6).

Se podrá combatir el machismo desde posiciones distintas al feminismo?, y es que me parece que el feminismo se queda corto al implementarse, su demasiado enfasis en empoderar a la mujer ignora (o minimiza) que el problema del machismo involucra también a los hombres y a la sociedad, que cualquier politica de lucha contra el machismo debe ser pensada integralmente (aunque supongo que es eso lo que dice en parte el artículo pero lo que veo en la practica y el discurso de las ONGs es diferente).

También pasan por alto que las mujeres son las principales trasmisoras de la cultura machista y racista en el país.  Me parece que un feminismo peruano que no vea el contexto de discriminación generalizada que existe en la sociedad y no luche contra ella se quedará siempre reducida a una élite que lo que quiere es solo mayores libertades individuales.

Un artículo interesante relacionado al tema y a la coyuntura electoral de USA es este comentario de Wallerstein sobre “Race, Gender and Class”  

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4 Responses to “6 maneras de combatir el machismo”


  1. 1 Carlos Vílchez-Román marzo 18, 2009 en 4:59 pm

    Discutiré tu definición de machismo: forma de pensar de los varones, según la cual ellos se consideran en una jerarquía diferente de las mujeres y que se manifiesta en prácticas injustas.

    Efectivamente, el varón es consciente de la importancia de dichas jerarquías y compite para llegar a los niveles más altos de las jerarquías, pero no porque piense que la mujer no puede hacerlo; simplemente porque está en su naturaleza el sacrificar tiempo, familia, comodidades, etc. con tal de alcanzar los puestos más altos de dichas jerarquías.

    De acuerdo con la Teoría de la Inevitabilidad del Patriarcado, en todas las sociedades el varón (o la persona con cerebro “masculinizado”) siempre buscará ocupar los puestos más altos de las jerarquías sociales, sacrificando lo que sea necesario para lograrlo. Esto explica que los roles (no maternales) de mayor importancia en la jerarquía social sean ocupadas por varones.

    Esto no solo se aplica a sociedades occidentales, incluso entre los arapesh y tchambuli (sociedades estudiadas por Margaret y que algunos usaron como ejemplo de sociedades matriarcales), en las sociedads estudiadas por Malinowski y en cuanto relato etnográfico existe, se verifica lo mismo: los varones siempre tenderán a ocupar los puestos más altos de las jerarquías. Otro hecho transcultural (léase, se da en todas las culturas), perfectamente comprobable y verificable.

    Entonces, la pregunta no es si esto es socialmente aprendido, sino ¿porqué en todas las sociedades ocurre lo mismo? La explicación viene de los estudios de la Neurología, Endocrinología y ramas afines, que muestran -entre otras cosas- que el cerebro masculinizado (ojo, no digo varón, digo cerebro masculinizado, puede ser una mujer con un desarrolo neurológico que sigue el patrón masculino) en situaciones de alta competividad activa ciertas regiones de la corteza cerebral y eleva de forma significativa el nivel de testosterona en el flujo sanguíneo. El efecto de la testosterona se ha encontrado incluso entre jugadores de ajedrez.

    No afirmo que en situaciones de alta competitividad, el nivel de testosterona de las mujeres no revele un aumento, sino que éste es moderado en comparación con el cambio notable observado en el flujo sanguíneo de los varones.

  2. 2 jose luis junio 20, 2010 en 4:56 pm

    s igual machismo que patriarcado?, ¿cuál es la diferencia entre machismo y androcentrismo?, ¿todas estas son sólo palabras para profesores? No: son conceptos manejados en las leyes, políticas públicas, periódicos, televisión, el colegio y, a veces, en la calle. Por eso es imprescindible saber y conocer esa complejidad. El machismo, asimismo, deviene de habernos construido como sujetos nacionales en medio de las guerras y los odios entre conquistados, conquistadas y conquistadores, y de no asumir nuestra bastardía originaria como nación (como dicen los mexicanos, somos de alguna manera “hijos de la Chingada”, de la india violada por el español, y debemos de no ofendernos y asumir nuestra condición de bastardos para seguir adelante[6]). Es cierto que no podemos achacar toda la culpa de nuestro machismo a nuestros orígenes, pero por ahí se puede entender cómo es que nos hemos concebido como una sociedad estamentaria, fuertemente jerárquica y autoritaria, donde el padre no es la autoridad griega o romana que provee a la familia de sustento (el patriarcado) sino el que pretende “hacer prole” sin responsabilizarse de ella.

    2. Ubicar, situar, distinguir y señalar el machismo femenino. El machismo es muchas veces transferido por las propias mujeres en nuestros procesos de crianza. Somos, sin quererlo, las principales divulgadoras del machismo, a pesar de que somos las primeras perjudicadas. Por eso mismo es necesario descubrir el machismo de nosotras mismas: aquel que portamos cuando le damos la presa más grande del pollo a nuestro hijo varón, cuando consideramos que hay que exigirle más a una mujer en una tarea que realiza, cuando les enseñamos a los niños matemáticas con más énfasis y a las niñas una especie de “matemáticas femeninas”.

    3. Romper con el otro lado del machismo que es el victimismo. Ser víctima es dejar de ser sujeto, por lo tanto, permitir que los demás —el padre, los policías, la Iglesia, el Estado— resuelvan en lugar de una misma y de esta manera seguir reforzando la cultura pública del tutelaje. Asumir una verdadera cultura de las mujeres es asumir la conducción de su propia vida. Debemos de romper con el modelo de la madre sufriente y dejar de ser víctimas para asumir nuestra propia voz sin miedo y poder construir un discurso de nuestras vidas y anhelos.

    4. Reorganizar la memoria histórica e incluir a las mujeres. Entender que durante la consolidación de las naciones latinoamericanas no sólo se excluyo al indígena sino también a la mujer del concepto amplio de ciudadanía. Por eso tenemos que reorganizar nuestra historia como nación visibilizando a las mujeres que ayudaron a formarla, y aquí no me refiero a algunos nombre consagrados, como María Parado de Bellido o Micaela Bastidas, sino a aquellas mujeres anónimas, como las rabonas durante la Guerra del Pacífico que organizaron todo un sistema de sustento a sus maridos, en medio de los cañonazos y las balas. Asimismo, es importante destacar la increíble labor de la generación de mujeres ilustradas del 900 que con un ahínco admirable permitieron la consolidación de las letras, el periodismo y las tertulias intelectuales donde, asimismo, se discutía sobre el poder.

    5. Ser el centro de las leyes, de las teorías, de los análisis, de las normas éticas. Asumiendo la cultura de las mujeres como localización de nuestras demandas, podemos alterar nuestra posición subordinada exigiendo un trato diferenciado para muchas prácticas y leyes, no sólo desde una perspectiva de discriminación positiva, sino desde lo que la crítica francesa Luce Irigaray denomina la sexualización de la ley, es decir, un status civil propio desde la condición de la mujer no como excepcionalidad a la ley universal sino como centro organizador de esa ley.

    6. Y por último privilegiar tres estrategias características de los movimientos feministas de la región: la autoconciencia, la autodeterminación y el empoderamiento.

    Interesante post de Rocio Silva en Kolumna Okupa

    Generalmente no entiendo a las feministas, a pesar de que mis amigas se esfuerzan, pero este post me parece sensato y acertado en sus recomendaciones (aunque no entiendo el 5 y 6).

    Se podrá combatir el machismo desde posiciones distintas al feminismo?, y es que me parece que el feminismo se queda corto al implementarse, su demasiado enfasis en empoderar a la mujer ignora (o minimiza) que el problema del machismo involucra también a los hombres y a la sociedad, que cualquier politica de lucha contra el machismo debe ser pensada integralmente (aunque supongo que es eso lo que dice en parte el artículo pero lo que veo en la practica y el discurso de las ONGs es diferente).

    También pasan por alto que las mujeres son las principales trasmisoras de la cultura machista y racista en el país. Me parece que un feminismo peruano que no vea el contexto de discriminación generalizada que existe en la sociedad y no luche contra ella se quedará siempre reducida a una élite que lo que quiere es solo mayores libertades individuales.

    Un artículo interesante relacionado al tema y a la coyuntura electoral de USA es este comentario de Wallerstein sobre ”Race, Gender and Class”
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    1.
    1 Carlos Vílchez-Román Marzo 18, 2009 en 4:59 pm

    Discutiré tu definición de machismo: forma de pensar de los varones, según la cual ellos se consideran en una jerarquía diferente de las mujeres y que se manifiesta en prácticas injustas.

    Efectivamente, el varón es consciente de la importancia de dichas jerarquías y compite para llegar a los niveles más altos de las jerarquías, pero no porque piense que la mujer no puede hacerlo; simplemente porque está en su naturaleza el sacrificar tiempo, familia, comodidades, etc. con tal de alcanzar los puestos más altos de dichas jerarquías.

    De acuerdo con la Teoría de la Inevitabilidad del Patriarcado, en todas las sociedades el varón (o la persona con cerebro “masculinizado”) siempre buscará ocupar los puestos más altos de las jerarquías sociales, sacrificando lo que sea necesario para lograrlo. Esto explica que los roles (no maternales) de mayor importancia en la jerarquía social sean ocupadas por varones.

    Esto no solo se aplica a sociedades occidentales, incluso entre los arapesh y tchambuli (sociedades estudiadas por Margaret y que algunos usaron como ejemplo de sociedades matriarcales), en las sociedads estudiadas por Malinowski y en cuanto relato etnográfico existe, se verifica lo mismo: los varones siempre tenderán a ocupar los puestos más altos de las jerarquías. Otro hecho transcultural (léase, se da en todas las culturas), perfectamente comprobable y verificable.

    Entonces, la pregunta no es si esto es socialmente aprendido, sino ¿porqué en todas las sociedades ocurre lo mismo? La explicación viene de los estudios de la Neurología, Endocrinología y ramas afines, que muestran -entre otras cosas- que el cerebro masculinizado (ojo, no digo varón, digo cerebro masculinizado, puede ser una mujer con un desarrolo neurológico que sigue el patrón masculino) en situaciones de alta competividad activa ciertas regiones de la corteza cerebral y eleva de forma significativa el nivel de testosterona en el flujo sanguíneo. El efecto de la testosterona se ha encontrado incluso entre jugadores de ajedrez.

    No afirmo que en situaciones de alta competitividad, el nivel de testosterona de las mujeres no revele un aumento, sino que éste es moderado en comparación con el cambio notable observado en el flujo sanguíneo de los varones.

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  3. 3 fernando agosto 6, 2010 en 6:37 pm

    un tema muyu iteresante
    También existe una rica tradición literaria que prolifera la imagen machista mediante el desdén o maltrato de las mujeres como en las diversas obras

  4. 4 Ariana julio 4, 2012 en 2:48 am

    tienen toda la razon, y sobre porque sucede lo mismo en casi todas las sociedades? porque los hombres estan programados para luchar por el poder, intentar llegar lo mas alto posible en la jerarquia, es un impulso evolutivo, mientras que las mujeres la mayoria no sienten ese impulso, sino que prefieren dedicar mas a su inversion genetica (hijos)

    pero no por eso las mujeres no pueden llegar a puestos altos, muchas veces cuando ellas lo necesitan o lo desean pueden lograrlo, vease a las mujeres solteras, sin un macho se valen solas sin ayuda. De modo que las mujeres no pueden hacer esto o aquello es totalmente FALSO, del mismo modo que es falso que los hombres no puedan lavar o cocinar o criar a sus hijos.


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