Curiosamente, la literatura amazónica y la mayoría de los escritores [y escritoras] de la floresta han permanecido agazapadas ante los horrores del caucho. Un silencio hasta cierto punto cómplice. Ni te digo, de la literatura peruana que todavía ha no metabolizado a la literatura de esa parte de Perú [piensan que es exótica, ágrafa, costumbrista. Lo que comentó Vargas Llosa sobre ella pesa como una losa], salvo los esfuerzos de nuestro Nobel con su última novela.
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Es el poder de la literatura el de alumbrar esos momentos oscuros. Con el caucho pasó igual, trastocó a todos y era necesario recrear y reflexionar sobre lo que pasó. Que no sea un pasar de página. Es una aneurisma moral para los peruanos y peruanas que soslayamos negligentemente.
Entrevista al escritor Miguel Donayre en El Diario de Iquitos
Blog de Donayre: El Soul del Perezoso
Es importante que el gobierno y sociedad peruana recuerden la deuda que se tiene con los pueblos indígenas de la selva que sufrieron un genocidio en la epoca del caucho, eliminandose muchos grupos y los sobrevivientes sufren las consecuencias hasta estos días. También recordar que aún ahora no se respeta sus derechos: sus territorios son consecionados a las compañias petroleras y al agronegocio, no existen los mecanismos de consulta adecuados, no se les brinda los servicios de salud ni educación intercultural que necesitan, etc. Aunque hoy en día estan mucho mejor organizados, el Estado peruano tiene una gran deuda de respetar sus derechos y la responsabilidad de atender sus necesidades básicas como ciudadanos que son.







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