Discriminación y desastres

¿Qué es más mortal que un terremoto o una inundación? Que los sobrevivientes sean discriminados. Tal es la advertencia del Informe Mundial sobre Desastres 2007, de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja-Media Luna Roja. Al respecto conversamos con Giorgio Ferrario.

En el Perú la discriminación puede hacer aún mas difícil la recuperación a los desastres naturales como lo dice Giorgio Ferrario en la entrevista de Peru21 (articulo completo en los comentarios)

En el Perú hay una parte importante de población afrodescendiente que, antes del terremoto, ya sufría una forma de discriminación que hacía que tuviera menos acceso a escolaridad, a un trabajo, a seguro social, a un documento de identidad o a un título de propiedad. Nosotros hemos ido aprendiendo de cada desastre en el que asistimos. Y hemos encontrado, una y otra vez, que la discriminación preexistente a un desastre complica mucho la vida de las personas. Son cosas previsibles que, si hubieran sido reconocidas, habrían podido reducir la continuación de la discriminación.

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1 Response to “Discriminación y desastres”


  1. 1 Amazilia Alba mayo 4, 2008 en 6:23 pm

    Giorgio Ferrario: Ayudar tras el desastre es difícil si hay discriminación

    Cuando era estudiante, me metí de voluntario en la Cruz Roja, en Milán, mi tierra. Pero, cuando vi que tenía alcance mundial, opté por acercarme más a ella. A los 27 años comencé mi primera misión”, recuerda Giorgio Ferrario.

    ¿Cómo empezó?
    Participé en un curso de delegados internacionales y, 15 días después, estaba en un avión con destino al desierto del Sahel, en África. En 1985 hubo una sequía muy fuerte que puso en riesgo a millones de personas, en una de las regiones más pobres del mundo. La Cruz Roja evitó muchas muertes. Yo trabajé en el norte de Mali. Era la zona de los tuaregs, los hombres azules, con una cultura muy fuerte.

    ¿Fue difícil realizar su trabajo en otro ámbito cultural?
    Al inicio, evidentemente, no es fácil. Pero, por otro lado, ser de la Cruz Roja abre muchísimas puertas. Tenemos los mismos principios en 186 países del mundo; entonces, uno se siente en casa con otros voluntarios que trabajan para la misma causa. Pero la diferencia cultural era fuerte. Por ejemplo, en el norte de Mali estaba en una aldea en la que había solo tres vehículos -dos eran nuestros y uno de la Unicef-. La gente usaba camellos. Y había lugares donde los niños morían, literalmente, como moscas.

    Al ver a la gente muriendo, imagino que se pregunta qué está usted haciendo ahí.
    En el ámbito humanitario, los principios, los ideales, los conocimientos, están siempre en tela de juicio. Lo bueno es que uno solo tiene tiempo para trabajar. Hay muy poco tiempo para pensar.

    ¿En qué otros países ha estado?
    Después de Mali estuve en Chad, que estaba en guerra civil. Muchos millones de personas fueron asesinados. Después estuve en Sudán, que acaba de salir de una guerra interna. Luego estuve en Angola, también con guerra civil. Más tarde fui a Guinea Bissau, a un proyecto de lucha contra el VIH. Y luego pasé a Congo, con la responsabilidad regional de otros países.

    ¿Alguna vez ha estado en zonas de guerra?
    Muchas veces, las barreras de los conflictos no son claras. Cuando estaba en Congo, en Brazzaville, con mi esposa, con un hijo de seis años y con otro de seis meses, estalló la guerra civil en la ciudad donde vivíamos. Estuvimos seis días bajo mucho riesgo pero, más que todo, con la impotencia de no poder ayudar a las víctimas. Tuvimos que abandonar el país cruzando un río enorme en una balsa de madera bajo los disparos de los combatientes.

    ¿Qué lo trajo al Perú?
    Después de estar en los Balcanes y en Honduras, en 2003 pasé al Perú con la responsabilidad de la oficina de América del Sur.

    ¿Viaja siempre con su familia?
    Sí, lo cual no es fácil. Mis hijos son ‘made in África’, aunque nacieron en Italia por un asunto de salud. Esta es un poco su vida, con sus pro y sus contra. Pasamos las vacaciones en Italia para no perder el contacto con el país y con la familia. En realidad, debería entrevistarlos a ellos.

    ¿Por qué la Cruz Roja va acompañada de la Media Luna Roja?
    La Cruz Roja no hace discriminación por nacionalidad, religión, clase u opinión política. Entonces, nuestra cruz -la bandera suiza invertida- no tiene connotación religiosa. La usamos en homenaje a Henri Dunant, su creador. Pero, cuando la Cruz Roja apareció en un conflicto del siglo XIX, donde estuvo involucrado el Imperio Otomano, la población civil mostró cierta resistencia a ella por la memoria del símbolo de las cruzadas. Para evitar este problema se adoptó la Media Luna Roja, en 1877. Hay otro emblema adoptado en 2005, el Cristal Rojo -como un rombo-, para resolver un problema parecido con la población de Israel.

    Ustedes han presentado un informe acerca del efecto de la discriminación en la ayuda en los desastres. ¿Qué han encontrado?
    Pensemos en una persona mayor o con alguna discapacidad que depende de familiares o de vecinos para moverse. Estas personas, cuando llega un desastre, no tienen la misma capacidad de otras. Una señora, en el tsunami de Indonesia, contaba que su marido, semanas antes, había quedado paralítico. Su familia tuvo muchas más dificultades. Más aún, en el refugio no habían pensado en poner gente con problemas de movilidad cerca de los baños. Y las personas de las carpas vecinas querían que se fueran por el olor que salía.

    ¿Es cierta la afirmación de que cada sol gastado en prevención ahorra miles a la hora del desastre?
    Si cada día trabajamos en el ámbito de comunidades, podemos saber cuáles son sus prioridades y reducir sus riesgos. Por ejemplo, si una población ha tenido mucha migración, significa que va a haber menos hombres y más mujeres a cargo de niños. Una mujer que está llevando a su hijo pequeño y dándole de lactar al otro -y que quizá ya perdió a su marido- no puede recoger un saco de alimentos sola o no puede hacer la cola. En el terremoto hemos visto casos de personas mayores que dependían de otras y que las han perdido. Ellas han quedado completamente solas.

    ¿Qué se puede hacer?
    En el Perú hay una parte importante de población afrodescendiente que, antes del terremoto, ya sufría una forma de discriminación que hacía que tuviera menos acceso a escolaridad, a un trabajo, a seguro social, a un documento de identidad o a un título de propiedad. Nosotros hemos ido aprendiendo de cada desastre en el que asistimos. Y hemos encontrado, una y otra vez, que la discriminación preexistente a un desastre complica mucho la vida de las personas. Son cosas previsibles que, si hubieran sido reconocidas, habrían podido reducir la continuación de la discriminación.


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